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Se buscan comandantes, no más caudillos

La Selección Mexicana ha permanecido ‘secuestrada’ por un grupo de jugadores que se pasan la estafeta para tomar decisiones y los directivos acatan, ya sea por intereses particulares o por miedo a incomodar a los uniformados.

Un día más en la oficina

Esta mañana desperté con la noticia que acaparó portadas de diarios deportivos mexicanos: Javier Hernández habría decidido no venir a la Selección Mexicana por lo que resta del 2018.

El ariete mexicano habría tomado una decisión que implicaría no portar la playera verde por al menos dos cotejos, mismos a disputar este mes contra Argentina en dicho país.

CH14
Foto: Especial

El futbol mexicano se ha plagado de decepciones. La formación de futbolista excepcionales es escasa y la generación de capacidades psicoanalíticas dentro de los mismos a veces aún más. No quiero generalizar, pero los jugadores mexicanos suelen marearse con la fama, el dinero y las portadas de medios de comunicación; la culpa es de todos nosotros (aquí estoy escribiendo de Hernández Balcázar), pues hemos olvidado que los grandes protagonistas de la historia del balompié nacional han forjado con creces su carrera, pero también le dotaron prestigio y amor al escudo tricolor: pienso en Hugo Sánchez, Rafael Márquez o la famosa ‘Tota’ Carbajal.

Hernández tiene voz de autoridad. Es el máximo goleador en la historia de México, el primer nacional en jugar con la camiseta del Manchester United y también vistió la camiseta del Real Madrid. El problema es cuando la autoridad pasa a ser autoritarismo, pues un cierto grupo de futbolistas que con la selección han ganado prestigiosas Copas Oro ante selecciones como Haití, Cuba, Honduras o Curazao, deciden qué pasa en el interior y el exterior del equipo, esa idea de caudillismo que puede ser plausible cuando el futbolista requiere voz y valerse por sí mismo, ha pasado los extremos para no acatar ninguna orden.

Layún y Ch14
México cayó ante Brasil en Rusia 2018 | (Foto: Especial)

Casos hay de sobra: la fiesta en Monterrey, la fiesta en Ciudad de México después de ganar ante Escocia, la ovación a su ex técnico Miguel Herrera tras golpear a Christian Martinoli, el retar a los periodistas que ejercen su opinión libremente o insultar a su propia afición por redes sociales. Todos los demás son culpables, los jugadores no; se sienten atacados y señalados, no comprenden que en este país el futbol es tema de interés público y que sus trabajos están expuestos al escrutinio social.

Sabia decisión

Con voz propia, alabo que no venga Hernández. Aplaudo su valentía para decidir no estar donde no quiere y no forzarse a callar, así se ha manejado históricamente. Supongo que sus motivos tendrá, pero desde lo futbolístico pierde más de lo que gana, pues aquí encontraría minutos que no conoce en la Premier League con un equipo de media tabla para abajo, sin embargo, también aplaudo que no sólo le importe lo que gira en torno al balón, sino su aspecto personal.

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Hernández no ha encontrado la regularidad con el West Ham | (Foto: Especial)

También alabo que no esté aquí porque, siendo honestos, no se le necesita. Así como ‘Chicharito’, muchos de sus amigos y compañeros deberían seguir el mismo camino, México no debe buscar el refugio en la historia, en lo mal hecho o en lo que dejó a medias. El futuro del deporte nacional está en buenas piernas, no en buenas manos y es ahí donde habría que pensar, basta de hombres que rompen las reglas sin fines claros más que la satisfacción egocéntrica y uniforme; en el futbol como en la vida, la disciplina es eje de éxito, ése que sólo nos traerán comandantes con los pantalones bien fajados, no caudillos con rebeldía desorientada.

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.