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La gratitud con el astro: México redime a Diego

Fue en Lanús, Argentina, que nació una de las máximas leyendas del deporte de las patadas: Diego Armando Maradona. El 30 de octubre de 1960, un fenómeno que amarró la redonda a su pierna izquierda como quien no presta su juguete favorito. Ahí el mundo se enteró a quién le pertenecía el futbol.

Como jugador, el ‘Pelusaconquistó la Copa del Mundo en 1986 con la albiceleste; 1 campeonato de Primera División Argentina con Boca Juniors; 1 Copa del Rey, 1 Copa de la Liga y 1 Supercopa de España con el Barcelona y 2 Serie A, 1 Coppa Italia y una Supercopa de Italia con el Nápoli. Logros sobraron en el chico de 1.65 de altura, quien medía su grandeza del cerebro al cielo.

Maradona Campeón
Foto: Especial

La ilusión desplomada

En 1991, Diego fue marcado con el trinche social. Su imagen ante el mundo cambió. El ‘10’ más importante de la historia había dado positivo en el control antidopaje por cocaína. Los lujos y excentricidades eran el día a día de un tipo que no tenía abasto con la pelota; los vacíos de la vida se enchufaban cuando el también políticamente activo se enfrascaba en el rectángulo de pasto.

La gratitud del balón no bastó para seguir en la cima del deporte. Los dueños del campo profesional marcaron a un jugador que criticaba los malos manejos, pero que también sacó ventaja de la trampa en ocasiones. Los dobles discursos del denominado por muchos ‘Dios’, lo desterraron del paraíso. El futbol fue ingrato con su máximo exponente.

Maradona
Foto: Especial

Una etapa nueva

Hoy Maradona tiene en puerta una nueva aventura como técnico. No es difícil comprender que la habilidad del astro era con los pies, pues sustancias indebidas le mermaron el potencial como entrenador. No será un Zidane, un Cruyff o un Beckenbauer, Diego sólo será él; un tipo que es todo corazón, que su convencimiento se basa en lo que fue y no en lo que es, en la idea de concebirse como un padre ante sus futbolistas y que encuentra refugio del desprecio en el mundo de las patadas en una ciudad al norte de México: Culiacán.

Su nuevo equipo lleva el nombre de lo que fue su carrera, su visión de campo y su imaginación despreocupada de lo que afuera pasaba. Movido como ‘pez en el agua’, el deporte le entrega una revancha más al chico de Lanús, desterrado en la segunda división mexicana buscará no dejar en palabras eso que prometió en la conferencia de prensa cuando se presentó: hacer de Dorados un club de primera división.

 

Así es el sueño de Diego, dorado. Las salas de casa repletas de medallas color oro, los grandes videos en su imparable carrera y su ambición en todos los sentidos de la vida, permiten ser benévolo con el hombre de los récords, pues ha logrado uno más, poner a Sinaloa en el plano internacional por una causa que, afortunadamente, no es el narcotráfico.

Démosle el beneficio de la duda. El futbol mexicano es pasional, es entregado, es de arraigo a la localidad en la que se juega y quién mejor para conocer los orígenes del barrio que el pequeño gran jefe de los ochentas, tanto así que logró que su primer entrenamiento lo vieran cerca de 500 personas en el Estadio Carlos González y González. Un tipo que, dicen, no sabe de futbol.

Maradona Dorados
Foto: Especial

 

¿Técnico? El tiempo lo dirá

Más allá de lo que pueda dejar como producto contar con él como técnico, dudo que los dirigentes de Dorados sólo gasten 180 mil dólares mensuales en una apuesta totalmente arriesgada, no metería por nadie las manos al fuego, pero debemos ser empáticos con quien elevó el deporte a otro nivel. Algo tendrá el ‘Pelusa’ para traer al balompié nacional, es cuestión de tiempo para saberlo.

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.