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Paolo Maldini en su última Copa del Mundo
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La estampa que no consiguió Paolo Maldini

El futbol vive en una constante renovación. La expectativa que genera el deporte rey cada cuatro años es totalmente distinta a los cursos anuales entre clubes; la Copa del Mundo es una mesa selecta donde comen 32, pero el postre lo devora uno sólo.

A lo largo de la historia, la escuadra italiana se ha caracterizado por conformar grandes camadas de defensores. Se trata de hombres que adoptan una escuela de acción en donde apelan al principio del mínimo esfuerzo: es más fácil destruir que construir.

Hasta hace poco la escuadra europea era una de las que, constantemente, presentaba en la máxima competición de fútbol mundial una de las selecciones con mayor promedio de edad en sus integrantes. Jamás fue problema para llegar a las últimas instancias del torneo, mismo que han conquistado en 4 ocasiones. Pareciera que la Fontana di Trevi tuviese en sus aguas el elixir de la juventud y que los veteranos del país de la bota acuden a ello para encarar los Mundiales.

Heredar el trono

Cuando se habla de dinastías en el deporte, se alude a las eternas y, por momentos, odiosas comparaciones entre los padres y los hijos; la presión que se ejerce a la segunda camada es tan grande que la calidad se pone en tela de juicio al llegar a los máximos escenarios que se puede aspirar. Sin embargo, como todo en la vida, la excepción rompe con el paradigma; los genes ganadores también pueden ser transmitidos sin alteración alguna.

Maldini disputa un partido con el AC Milan
Paolo Maldini es una de las más grandes figuras en la historia del AC Milan (Foto: Especial)

Es el caso de Paolo Maldini, ex defensor izquierdo de la selección italiana y uno de los mejores jugadores en la historia del AC Milan. Heredero de la posición de su padre Cesare, Paolo portaba la camiseta número 3 desde mediados de la década de los 80‘s y hasta el 2009, cuando ‘colgó los botines’ de manera definitiva con el único equipo al que defendió como profesional.

La herencia del apellido parecía pesada, pues en la década de los 50’s e inicios de los 60’s, Cesare Maldini consiguió 6 campeonatos como jugador del conjunto rossoneri, donde destacan cuatro ligas italianas y una Copa de Campeones de Europa. Llenar los zapatos implicaría más que meter el pie en ellos, pero Paolo buscaba su propia gloria; no calzaba como su padre, sino varias tallas más grande.

La calidad técnica para dominar el balón, su anticipación en la marca y el liderazgo que plasmaba en el césped eran las principales armas del lombardo. Tener una fiera por el sector izquierdo, facilitaba la tarea del defensor de la cabaña. Maldini perteneció a uno de los equipos más dominantes del siglo XX, el Milan que dirigía Arrigo Sacchi y en el cual se rodeó de figuras de la talla de Marco Van Basten, Franco Baresi, Frank Rijkgard o Ruud Gullit.

Jugó 24 temporadas en la Serie A italiana y cosechó 7 títulos, además de 1 Coppa Italia, 5 Supercopas locales, 5 de las hoy conocidas como UEFA Champions League, 5 Supercopas de Europa, 2 Copas Intercontinentales y 1 Mundial de Clubes. El álbum de trofeos pareciera lleno para el ‘3’, pero la selección italiana le entregó páginas en blanco.

La orilla mediterránea

No hay mayor orgullo para un futbolista profesional que representar a su país. Paolo Maldini consiguió dicha envestidura en 126 ocasiones de las cuales, en 74 portó el brazalete de capitán para añadir otro símbolo a su ya marcado liderazgo.

En 1990, la nación de la pizza recibía la Copa del Mundo y a las selecciones contendientes, el dueño de casa partía como favorito para quedarse por 4 años el trofeo que, en ése momento exhibía Argentina. La generación dorada en pantaloncillos cortos se lideraba por Baggio, Mancini, Baresi y Ancelotti, hombres que no dudaron en meter a su país hasta la ronda de semifinales.

En el fútbol, las ciudades enaltecen a sus máximos representantes sin importar la raza de la que provengan. Un fenómeno del balón y los tachones se convertiría en el dueño de Nápoles; Diego Maradona colonizó aquella ciudad olvidada por el balompié y resentida incluso con los suyos. Pudo más un foráneo que los locales, el ‘10’ argentino liquidó a los italianos en su campo y así consumó el primer fracaso de un erudito como Paolo Maldini.

Italia 1990
Maldini es dejado atrás por Diego Maradona (Foto: Especial)

El país de las barras y las estrellas le presentó a Paolo Maldini una nueva oportunidad de brillar con Italia. La Copa del Mundo de Estados Unidos 1994 retornó como equipo protagonista al país de la toscana, sin embargo, un nuevo demonio venido de sudamérica les arrebató el título de oro.

La selección de Brasil venció en penales a un conjunto italiano diesmado por la ausencia de su capitán Baresi y su estrella Baggio; a pesar de oponer resistencia, solo la ‘canarinha’ bordó una nueva estrella en Hollywood.

Un aliado en el banquillo

Paolo encontró en Francia 1998 una ligera esperanza de coronarse campeón. Coincidir con figuras de la talla de Costacurta, Baggio o Conte, ponía al conjunto italiano como candidato a levantar el ansiado trofeo. No era todo, en el comando aparecía el más grande ejemplo del ‘3’, su padre, Cesare Maldini.

La suerte no cayó del lado azzurri, tras marcar 7 puntos en el grupo B y eliminar en octavos de final 1-0 a Dinamarca, Paolo y los suyos tendrían que medir fuerzas con el anfitrión, Francia. La versión 2.0 de la Batalla de Fornovo había comenzado. Desde el paredón de fusilamiento conocido como el punto penal, los franceses resultarían vencedores por marcador de 4-3, siendo Laurent Blanc quien puso el último clavo del ataúd tricolor. El rey ítalo ni siquiera cobró un tiro.

Maldini, ‘el navegante’

El temor de las aguas desconocidas se confronta al sumergirse en ellas. La tripulación azzurra contaba con un arsenal plagado de hombres expertos en repeler ataques y de acabar con los rivales en momentos quirúrgicos.

Emulando a Marco Polo, como si de descubrir la nueva ruta de la seda se tratase, el nuevo navegante itálico, Paolo Maldini comandaba el barco que haría su última escala y con sed de conquista en las tierras coreanas y japonesas. Era ahora o nunca para el multicampeón, la piedra en el zapato tenía que salir apoyado de figuras como Buffon, Cannavaro, Del Piero, Pirlo, Gattuso o Inzaghi. 

Una vez más uno de los máximos merecedores del cetro se iba con las manos vacías. Desde el arranque, y sorprendido por la actuación de México, Italia calificó a octavos de final en segundo lugar del grupo G; cuestión que los mandó a jugar contra un nuevo anfitrión para ser enviado a casa desde Corea. 

Paolo Maldini Corea 2002
Foto: Especial

Si el fútbol fuera justo, Paolo ‘el navegante’ hubiese colonizado tierras con la playera azul, sin embargo, merecer no basta para levantar el título entregado cada 4 años; aquellas estampas de Copa del Mundo serán las únicas faltantes en un álbum casi perfecto.

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.