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La cancha está de luto

Triste y nada novedosa es la realidad en México. El entorno social se encuentra sumergido en la peor ola de violencia que ha azotado el país durante su construcción como república y  las cosas comienzan a parecer normales; sin más represalias, sin mayor escándalo o con una justicia más ciega que nunca. Un sistema incompetente, putrefacto y que le ha dado la espalda a su población.

Normalizar la violencia: la opaca realidad nacional

Es cierto que el ser humano visibiliza más las problemáticas cuando las vive de cerca. No me refiero a que un caso importe más que otro, sino que la perspectiva individual la aterrizan contextos diferentes. Así le pasa hoy al futbol mexicano: la desafortunada pérdida de una de las precursoras del balompié femenil profesional en nuestro país, Marbella Ibarra, ha despertado, o debería de hacerlo, la indignación en torno a los feminicidios en nuestra tierra.

La dirigente del equipo de Xolos femenil fue encontrada sin vida, envuelta en plástico y amarrada de manos y pies en Baja California Norte. La nacida en Guerrero se encontraba desaparecida desde el 19 de septiembre de 2018.

A falta de los resultados que arroje la necropsia, uno puede intuir por los golpes que su cuerpo presentó, según las autoridades, que se trata de un posible feminicidio, crimen que determina el asesinato por odio a la mujer, la discriminación y la violencia contra la misma. En un mes que se prevé el cáncer de mama y se promueve la equidad de género, es posible darse cuenta que los esfuerzos aún no son suficientes.

México perdido

México es uno de los países no declarados en guerra más violentos del mundo. Baja California Norte presenta un aumento entre 2016 y 2017 de 130 mujeres asesinadas a 202, es decir, más del 55%, aunque no todos los crímenes declarados como feminicidios, existen casos que pueden reclasificarse por el contexto y la forma en que se dieron.

La mujer que concilió un país donde se creía que el futbol era deporte para hombres y creó a un equipo valiente, aguerrido y digno de ser profesional, dejó su huella. Marbella no quitó el dedo del renglón, su sueño lo compartió con quienes sí practicaron el futbol (ella era abogada) y le entregó una liga en vías de desarrollo a todas aquellas mujeres que se atreven a romper paradigmas.

El futbol se vuelve a ver envuelto en la violencia. No significa que el crimen tenga que ver directamente con la profesión de Marbella, de hecho ésto ya fue descartado por parte de las autoridades, sin embargo, le recuerdan a los directivos de la Liga MX y la Federación Mexicana de Futbol, que el deporte que ellos pregonan de manera profesional en México, sigue siendo parte del imaginario colectivo, de una estructura social dañada por la violencia, el crimen organizado y la corrupción, y que no está aislado de todo lo que repercute en el día a día del mexicano.

Marbella Ibarra: Mujer aguerrida

En una consecución de actos violentos, lo menos que debe buscar el deporte es conciliar la paz en sus terrenos. Pregonar con el ejemplo de la equidad, la unión, la integración y la consolidación de los valores desteñidos hoy por situaciones tristes que manchan la pelota. Que no se olvide a Marbella, una víctima más de la criminalidad que vivimos hoy, pero también, una peleadora hasta el final, que sacó de su bolsillo un equipo de futbol profesional antes que nadie, que remó ante viento y marea para consolidar no sólo a Xolos femenil, sino a la estructura completa de una liga profesional.

Que no se olvide a Marbella y que siempre se recuerde que el deporte nunca dejará de ser parte del tejido social.

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.