ADNdeportivo.com
Hugo Sánchez 86
Inicio » Hugo Sánchez, emperador contemporáneo

Hugo Sánchez, emperador contemporáneo

México es un país acostumbrado a las medias deportivas. Ni todo es bueno, ni todo es malo. Existen disciplinas en las que los atletas nacionales destacan; el tiro con arco, los clavados o el atletismo, son ejes en los que ser azteca determina tener posibilidades de ganar, sin embargo, también evidencía el factor cangrejo. 

Hacer equipo y sobresalir no es precisamente el fuerte nacional, paradójicamente los deportes de conjunto son los que más ilusionan al pueblo; el fútbol es la eterna promesa de llegar a ser alguien en la mesa de la unión atlética. Cuando la selección nacional juega al balompié, el país se paraliza con la esperanza de terminar con la etiqueta del ‘ya merito’. Ilusionarse con vacíos se ha vuelto una tradición única.

La principal razón del interrumpido crecimiento en el fútbol es el aspecto mental. El complejo de inferioridad parece atravesarse en el inconsciente mexicano cuando de dar el salto se trata; las eliminaciones de México en Copas del Mundo ejemplifican de mejor forma cómo en cualquier condición que llegue el conjunto tricolor a los partidos cruciales, ya sea favorito, en paridad o víctima, siempre la moneda cae del lado contrario.

Hugo, el hombre radical

Para la desgracia de los diferentes, el cambio no se da por minorías. Un hombre con sueños sin barreras lo comprendería, Hugo Sánchez Márquez. Nacido en la Ciudad de México el 11 de julio de 1958, el ‘pentapichichi’ crecería en un seno familiar ligado a la educación, cuestión muy dispar en el entorno nacional. Como alumno, Hugo tenía un privilegio en el que pocos cuentan con acceso, estudiar en la máxima casa de estudios, la UNAM.

Hugo con Pumas
Hugo posa con la camiseta de Pumas (Foto: Especial

Sánchez demostró desde la juventud que los libros y el balón no están peleados. Su pasión se refugió en el deporte, pero su obligación la llenó en las aulas de la Facultad de Odontología en Ciudad Universitaria. A partir de ahí, la palabra ‘puma’ (símbolo de la institución) se asociaría de lleno con él, pues el equipo de fútbol le dió la oportunidad de desarrollarse como profesional en ese aspecto.

Su astucia, el dinamismo, las jugadas a primera intención y la capacidad acrobática del delantero, lo llevaron a destacar desde la división sub-20, donde vistiendo la camiseta mexicana, se consagró campeón de los Juegos Panamericanos de 1975. El debut como profesional se reservó para el 23 de octubre de 1976 en el estadio Olímpico de Nuevo León, ante los Tigres, pero el primer gol del ‘9’ caería un año después en el Estadio Azteca frente al América, el máximo rival de Pumas. Qué mejor forma de volverse ídolo.

Con el cuadro de la UNAM consiguió dos títulos de liga (1976-1977 y 1980-1981) y 1 campeonato de goleo de Primera División. Hugo tenía la mentalidad de un alemán, las piernas africanas y el pasaporte mexicano. Nunca se había concebido un jugador tan determinante en el suelo de los multiples dioses, quizá alguno de ellos había reencarnado en un chico de 1,75 metros. Su mente sin fronteras lo sabía: las metas se encontraban en el otro lado del charco.

Colonizador contemporáneo

El ‘penta’ fichó con el Atlético de Madrid en 1981. Criticado por su baja efectividad de inicio y, según cuenta el propio Hugo, discriminado por su origen, jamás se dió por vencido; en la temporada 1984-1985 conquistó el trono de Pichichi, premio que se entrega en la Liga de España al máximo goleador del certámen y mismo que consiguió tras marcar 19 veces. Aquél año también se coronó campeón de Copa del Rey, donde marcó dos goles en la final para derrotar al Athletic de Bilbao. 

Las rayas rojiblancas no le venían del todo bien, su gran paso por el club, con 111 partidos y 54 goles, lo enviaron a jugar en el patio de enfrente, el uniforme del Real Madrid lo esperaba. Los colchoneros no bastaban para el máximo emperador azteca, el sabor a meregue era más seductor.

Hugo Real Madrid
Las chilenas, el sello de la casa (Foto: Especial)

Para 1985 debutó con el equipo del Paseo de la Castañeda marcando un gol, aunque a la postre fue expulsado. Las gargantas del Estadio Santiago Bernabeu se desgastaron gracias a ‘hugol’ en un total de 208 ocasiones de 283 pisadas del césped. Conquistó 5 Ligas de España seguidas, 1 Copa del Rey, 1 Copa de la UEFA y 3 Supercopas de España, así como 4 distinciones a máximo goleador y una Bota de Oro. La historia se invirtió, el conquistador mexicano deboró tierras españolas como quien busca revancha, Hugo reformó el concepto de ‘colonizar’ añadiendo la paz a ello; el balón, no el oro, la idolatría, no la sumisión.

 

El doloroso regreso a casa

Por todos los dotes y un acento pegado al paladar del astro mexicano, sus compatriotas lo miraban de lejos. El fútbol y el complejo de inferioridad podían hacer las pases con Hugo de moderador, varias reuniones serían necesarias.

En la Copa del Mundo de 1986, México partía como una escuadra sólida y con la ventaja de la localía. Sánchez marcó un gol de cabeza en la victoria ante Bélgica, sin embargo, ése sería el debut y despedida de las redes nacionales. Días más tarde fallaría un penalti ante Paraguay y, a partir de ahí, no volvió a ver un minuto de juego, pues presenció desde la banca la debacle tricolor a manos de Alemania. 

Hasta 1993, el ‘pentapichichi’ no portó de nuevo el uniforme de México. Como si la suerte se empeñara en ponerse del lado contrario, la FIFA exilió a la selección mexicana de toda justa por un caso de trampa, denominado ‘Los cachirules’, en donde insertaron jugadores de otra edad en competiciones juveniles. Los mejores años del goleador se esfumaron.

México Hugo Sánchez
Foto: Especial

El tanque de gasolina llegó a Estados Unidos 1994, donde el villano era el timonel del barco del ‘tri’ y se llamaría Miguel Mejía Barón. México disputaba el partido de octavos de final de Copa del Mundo ante Bulgaria; por el accionar de ambas selecciones, la mexicana tenía posibilidad de ganar el encuentro. Con Hugo en el banquillo y una acalorada discusión con el técnico nacional, una nueva decepción llenó los bolsillos de los aficionados; los penales dejaron en el camino al equipo de Sánchez con él gélido y sin ingresar al juego, hoy en día el público de tierra azteca sigue creyendo que el fenómeno de la melena indomable pudo cambiar el final de la historia. 

Hugo aterrizó en la realidad de su país. Ganar como individuo fue su constante, pero recordó que en tierra colonizada, los intereses siempre dividieron la gloria nacional. El emperador del siglo XX esperó que la historia no se repitiera, pero no fue así; su pueblo lo dejó de lado como 500 años atrás. 

 

 

 

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.