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El segundo exilio de Ferenc Puskas

En 1927, la vida se establecía en blanco y negro. Los primeros autos, las trágicas guerras y los grandes momentos deportivos también se vestían como quien asiste a un funeral. Aquel año nacería el hombre más generoso que el fútbol pudo ver.

La sociedad, dañada por los periodos de armamento bélico, encontraba en el deporte un refugio donde la tensión se descargaba, ahí existían otro tipo de bombarderos; esos que no sólo se lamentan, también se gozan. Ferenc Puskas nació en Budapest, Hungría, el 2 de abril del año en turno. Hijo de la resaca y destrucción de su país, al chico que de orígen se apellidaba Purczeld, su padre tuvo que mutar la dinastía para protegerlo de las invasiones alemanas, de forma involuntaria, el nuevo apellido sería sinónimo de fútbol.

Fútbol contra la guerra

Debutó en el Kispesti Athlétikai en 1943, a partir de ahí, su capacidad goleadora, su astucia, el potente golpeo de balón y la forma de ver por el equipo antes que por sí mismo, marcarían un antes y un después en el deporte. Con grandes anotadores en las filas húngaras, Ferenc aprendió de sólidas figuras que ya formaban parte de su selección y que los tenía como compañeros de equipo. El verlos no bastaba, había que superarlos y para ello era necesario que otra leyenda lo aterrizara en el plano internacional.

De la mano del histórico entrenador, Béla Guttmann, consiguió ser el máximo anotador del campeonato húngaro con 50 anotaciones en 1948. Para esa temporada, el régimen bélico manchó el deporte y mutó a los equipos, el Kispesti cambió de nombre a Asociación Deportiva de la Defensa de la Patria de Budapest; los jugadores asumieron roles militares, ahí, Puskas quedó como comandante, apodo que lo seguiría hasta dar órdenes en otros campos.

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Ferenc Puskas en sus orígenes (Foto: Especial)

El reclutamiento y la exigencia militar le facilitaron al club contar con los mejores jugadores y, de paso, hacer lucir a su estrella más grande. A partir de ahí, el ‘comandante’ ganó 5 ligas y en 4 de ellas el cetro al máximo ‘killer’. La proyección en el viejo continente estaría marcada por una nueva disputa bélica; la Revolución Húngara.

En una serie de Copa de Europa contra el Athletic de Bilbao, la vuelta fue imposible llevarla a Budapest, por tanto, el encuentro se realizó en Bruselas, situación que tendría consecuencias para el genio y sus compañeros. Tras no poder volver a Hungría, Ferenc y sus compañeros decidieron recaudar fondos, a pesar de la negativa gubernamental y de FIFA, en diversos países de Europa y en Brasil. El mejor soldado es el obediente y la indisciplina de Puskas lo llevó a ser juzgado bajo el rango que ocupaba por traición a la patria, la factura se cobraría en el exilio del mejor jugador en la historia de su país. No era un militar, sino un futbolista que le recordó al mundo que antes de profesionales, son humanos.

Pasó el tiempo y la mala suerte tenía nacionalidad húngara. La suspensión de la FIFA para no poder participar en competiciones europeas lo alejaron de clubes italianos que buscaban sus servicios; posteriormente, tampoco pudo fichar con el Manchester United, equipo que lo buscó tras la tragedia de Múnich de 1958, en donde gran parte del plantel perdió la vida en un accidente aéreo, sin embargo, la falta de conocimiento del idioma inglés le cerró la puerta.

Merengue húngaro

Puskas vivía en España sin éxito para fichar, pero recordar es volver a vivir y los caminos del destino siempre preparan sorpresas. Santiago Bernabeu lo llamó para jugar con el Real Madrid y ahí, la historia se contaría por sí sola. Formó una gran amistad con Paco Gento y Alfredo Di Stéfano; quizá el sobrepeso con el que lucía el nuevo jugador ‘merengue’ ayudó a inclinar la balanza a su favor en infinidad de ocasiones.

Real Madrid
El Madrid de los 50`s (Foto: Especial)

Lo único que no le pesó fue la camiseta, ése equipo de Madrid se cansó se meter goles, de ganar campeonatos y de despedazar a los rivales en turno; el apodado ‘Pancho’ no podía desmarcarse de la palabra ‘generosidad’ ni en el campo, su olfato goleador también se combinó con la visión de terreno para poner a su mejor amigo, Di Stéfano, como el artillero principal del equipo blanco. La dupla terminó con el luto mundial, le recordó al planeta que la imaginación no tiene límites y que a colores se vive mejor; adelantados a su época en todo sentido, el fútbol labró el camino de la reintegración con otro tipo de bombarderos. Marcó 242 goles en 262 partidos con la casaca blanca, ganó 5 Ligas de España, 1 Copa del Rey y 3 Copas de Europa.

Nacidos para ser derrotados

Existen naciones que no cuentan con un ADN ganador, si se busca la definición de dicho en un diccionario, ésa se puede ejemplificar con la bandera de Hungría. Puskas debutó con su selección en 1945, donde le ganaron un encuentro a Austria 5-2, el chico demostró desde el primer instante que sus piernas eran tan sólidas como la Catedral de San Esteban y tan longevas como la Gran Sinagoga de Budapest; ‘Pancho’ anotó esa tarde para después, a lo largo de su trayectoria con selección, terminar con 84 goles en 85 partidos.

Conquistó la Medalla de Oro en Helsinki 1952, cuando derrotaron a Yugoslavia en la final por 2-0. El ‘10’ anotó en dicho partido y 3 veces antes dentro del certamen. Dos años más tarde, la cita sería en Suiza, la Copa del Mundo esperaba las manos del astro.

Hungría parecía imponente al derrotar a Alemania Occidental 8-3 y a Corea del Sur 9-0 en la primera ronda. No todo fue miel sobre ojuelas; Puskas fue fracturado del tobillo en el partido con la selección teutona, sin embargo, como el pirata que está dispuesto a llevar el tesoro a casa, ‘Pancho’ jugó con la ‘pata de palo’ y a pesar de ello marcó un gol más. La selección húngara ganaba 2-0, pero antes del final del primer tiempo, el equipo alemán empató el partido y a 6 minutos del desenlace se posicionó adelante 3-2.

Hungria
Puskas con la selección húngara (Foto: Especial)

Como si un guión de película se hubiese escrito, Puskas tenía el protagónico. El corazón del exuberante futbolista tenía una espina con los alemanes; ellos le cambiaron la vida, pero sólo él sabía si para bien o mal. A dos minutos del término, el ‘bombardero’ desató la alegría para los suyos y empató el encuentro, pero algo que no estaba en el guión se sucitaría. Apareció el árbitro central para anular el tanto por fuera de juego y culminar con el sueño del entonces mejor jugador del mundo. En la lápida de la selección de Hungría quedó escrito “el fútbol es un deporte de 11 contra 11 que siempre ganan los alemanes”.

Dicen que los genios son de donde se les antoje, así lo interpretó el ‘10’. En 1961 se nacionalizó español y, en aquella entonces, era posible defender múltiples camisetas de distintos representativos nacionales; Puskas jugó 4 partidos con la selección española, pero su destino no era la consagración; no pudo anotar con la ‘furia’ y se despidió con una nueva debacle en la Copa del Mundo de Chile 1962 ante Checoslovaquia.

El pasaporte del genio de la lámpara tenía más huellas que la playa de Siófok, las aguas de su aventura lo llevaban y traían de vuelta al orígen de la magia, Budapest. Porque, a pesar del exilio, la madre naturaleza siempre reclama los tesoros que son suyos y la zurda del hijo pródigo puede ser tomada como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

 

 

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.