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Cuando la voz propone los goles

Dijo alguna vez Eduardo Galeano que no hay nada más vacío que un estadio sin gente. Que nada es más mudo que las gradas en la soledad. Hoy me permito desafiarlo y valorar la herencia de las voces que guían el grito de gol, que llegan en solitario y se van en compañía, pues la ilusión es una enfermedad viral. Aquellos dueños sin testamento de los recintos que exponen a 22 personas al juicio social y que abren la puerta del paredón de fusilamiento esperando en los miles de sentados el perdón y la misericordia. Los magos que no se ven, se escuchan.

Gratitud con don Melquiades

Los colosos parecen invencibles. Figuras que imponen y que desafían a los máximos retadores a encontrales ‘peros’; leyendas que inscriben y cicatrices que rememoran el origen y la razón de ser. Hoy el Estadio Azteca concibe un punto flaco: se ha quedado mudo.

Melquiades Sánchez Orozco ha fallecido la tarde de ayer en la Ciudad de México. Quien fuera la voz del Estadio Azteca por más de 50 años perdió la vida a los 90 de edad por problemas de salud que ya arrastraba hace 3 meses. Hasta hace un año el amo del micrófono del Coloso de Santa Úrsula no había faltado a ningún cotejo en el recinto, fue otra partida la que lo llevó a dejar su ‘oficina’: el deceso de su esposa, Isela de la Rocha.

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Foto: Especial

Paradójicamente, la vida genera disturbios que sólo las pasiones pueden ordenar. ‘El perraco’, como se le conocía a don Melquiades, volvió a la casa en la que tuvo invitados de lujo: atestiguó goles de Pelé, la ‘mano de Dios’ y a su fenomenal artista, Diego Armando Maradona; presenció a la Selección Mexicana en su paso por el Mundial del 86 y el espectacular gol de Manuel Negrete; coincidió con Hugo Sánchez y vió coronarse en gran cantidad de ocasiones al América, equipo que tiene labrado en sus pasillos el nombre del más fiel de todos los asistentes a su cancha, su voz, su aliento y su esencia. Una garganta inagotable, un ingenio interminable y una pasión incontenible. 

Legados eternos

Poco a poco la voz se retiró. Se alejó de los juegos de la Selección Nacional y de los ahora locales Cruz Azul. El hombre del coloso continuó únicamente con América y así partió. Desde los 18 años, en Nayarit, Melquiades se formó en lo que hoy es conocido como Televisa Radio, posteriormente, en la inauguración del Estadio Azteca, fue Emilio Azcárraga Milmo quien le pidió ser la voz del que sería su nido en incontables ocasiones; sin embargo, se perdió el primer juego entre América y Torino, pues no se enteró que había ganado el puesto como vocero del recinto.

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Foto: Especial

En entrevista con La Opinión, Melquiades contó (2016) que su mayor experiencia ha sido al lado de la Brasil campeona en 1970:

“Un día antes de la final, visité el entrenamiento de Brasil y me puse a platicar con todos los jugadores, ellos ya sabían quién era yo por mi trabajo en el Estadio Azteca, pero además en ese entonces no existían las medidas de seguridad que hay ahora”.

“Yo estaba sentado en el pasto de la cancha platicando junto a todos los jugadores de Brasil como si nada. Pelé, Tostao, Rivelino, con todos ellos estuve antes de esa final”.

Así partió uno de los grandes y nos recuerda que los grandes momentos en la vida no sólo son cosas que hacemos, sino también cosas que nos suceden inesperadamente. Se ha ido el cuerpo que en innumerables ocasiones anunció con su tradicional “gol anotado por… ” los cartones de juegos que no tendrían brújula sin él, sin embargo, su legado será eterno, pues bien dicen que nadie muere hasta que deja de ser recordado. A Sánchez Orozco le queda la inmensidad. 

A veces no hay nada que decir. A veces lo dicho no hace ruido y es ese vacío, esa ausencia de palabras y de sonidos, lo que explica el momento, porque hay protagonistas que no se ponen los botines, ni se amarran los tachos, más bien, toman el micrófono y marcan la diferencia desde su cancha: la voz. 

 

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.