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Boca-River: La romántica epidemia sin cura

Los grandes partidos de futbol están ligados a la calidad y el heroísmo. La hazaña sigue siendo un condimento utópico y sacado de las mejores historias contadas por el realismo mágico que nos recuerdan que en pocos suelos lo eclesiástico se torna posible, uno de ellos es el deporte.

Los clásicos en el deporte son más que juegos. Se trata de concepciones de vida completamente distantes; los ricos y los pobres, los corruptos y los correctos, los globales y los locales, los de derecha y los de izquierda, todos son elementos que concibe la pasión para ejercer como motor de duelos que importan sin haberse jugado y que celebran la fiesta de ideologías donde el postre se sirve cuando el balón rueda.

River-Boca
Foto: Especial

Grandes cotejos despiertan pasión en diversos rincones del mundo: Barcelona- Real Madrid, Inter- Milan, Roma- Lazio, América- Chivas, Liverpool- Manchester United, etcétera, pero ningún partido juega más con su afición que el Boca Juniors contra River Plate en Argentina. Se trata de más que ganar, de hacer perder al de enfrente, de ridiculizar a los ya condenados por Dios en elegir la otra camiseta y de no perder el prestigio de Buenos Aires, pues es más fuerte que el vecino sea el enemigo y se citúe en la misma capital; de que el Obelísco sepa que sus colores los dicta o la Bombonera o el Monumental. No hay espacio para tratar el balón como lo merece, sino para limpiar el escudo cuando la rivalidad comienza. El futbol le recueda a la sociedad que los humanos también pelean en una selva de supervivencia.

Boca-River
Foto: Especial

Los rituales de vida envueltos en banderas ‘xeneizes’ o ‘millonarias’ también despedazan ilusiones. Cada día se complica más la asistencia a un partido entre los dos grandes de Argentina y no tiene únicamente que ver con la consideración de agotar entradas y hacerse sentir en la cancha, sino del poco respeto que encuentran entre sí.

La locura condena. Los ‘hinchas’ de ambas escuadras lidian su propia guerra y buscan que los que se meten a la cancha no sólo vean el interés económico, sino la representación de un homólogo con pantalones cortos, ese valiente que les dé una victoria con caducidad en la siguiente cruzada. Pero las formas no siempre acompañan el fondo; la sangre, los daños y el poco accionar para detener atrocidades permiten que la tergiversación del futbol cada día sea más macabra.

River Hinchada
Estadio Monumental de River Plate | (Foto: Especial)

Los hospitales de Buenos Aires anticipan miles de heridos antes de que el juego llegue a su punto de ebullición, la policía carga sus armamentos con balas de salva para repeler mayores daños y las sonrisas continúan en la cara de miles de combatientes. Dice Juan Villoro en su crónica El aprendizaje del vértigo que la gran diferencia la marca el sentido de pertenencia: mientras en México ‘le vamos’ a un equipo, en Argentina ‘se es’ de River o Boca, se entrega la individualidad por un fin colectivo, una gloria que sobrepasa la excitación de uno por el latir de media ciudad. 

‘La Bombonera’, casa de Boca Juniors | (Foto: Especial)

’Hinchar’ por una de las dos camisetas refleja el futbol en su máxima expresión. Relata el balón con agujeros que rodaba en el barrio, que cada uno de nosotros pateó y que gustó del mismo por el hecho de liberar adrenalina sin saber que los héroes de televisión se esclavizaban por billetes verdes y una cámara que los persigue como sombra.

Ser de ellos implica, o eso pretende, encontrar en el campo a guerreros con sangre azul y amarilla o blanquiroja. Es fusionar la pasión de los que meten los goles con quien los cantan, es una unión de igual a igual, nunca mejor expresado en el deporte aquella frase democrática “el pueblo quita y el pueblo pone”.

Trasgredida, triste e irreprobablemente, por la violencia (por favor, no confunda con la pasión y la entrega), la realidad es que el futbol nos recuerda que sacar las espinas del corazón no es una sabia decisión, pues ellas nos dictan el presente. Que los de afuera juegan su partido y que así como el mundo esférico, hay otras ‘bolas’ que dan sentido a lo metafísico, un balón, por ejemplo.

Dentro de las reglas no escritas en el deporte, existe una que me permito nombrar: Así la pasión sea una epidemia, nunca encuentren la cura.

 

*Futbol con vehemencia, no con violencia. 

 

 

 

Miguel Enríquez | @MiguelEnriquezH

Sacrifico horas de sueño por un sueño más grande.